martes, 11 de noviembre de 2008

¿COMO COMENZÓ TODO ESTO?

Hace más de veinte años, hice mi instructorado de “Control Mental”. Me forme a conciencia. Técnicas y fundamentos. Coordinación grupal, liderazgo y comunicación.

Comencé a dictar Seminarios de “Control Mental”, experiencia buscada por muchas personas en aquella época, como método de autosuperación.

Mientras dictaba estos Seminarios, incursione en Psicodrama, Gestalt, Hipnosis Eriksoniana, Psicosintesis, Bioenergia, Bioenergetica, y tantas otras escuelas y disciplinas. Curse Psicología Social. Me recibí de Counselor. Me introduje en el mundo de las neurociencias, aquí me ayudo muchísimo el tener nociones anatómicas y fisiológicas, ya que en mi juventud curse hasta cuarto año de la carrera de Medicina. Me interese en la psicología, aprobé varios años y me quedo la necesidad de seguir investigando y leyendo sobre esta ciencia de la conducta. Me enriquecí en el trabajo personal. Descubrí a una persona incompleta.... intentando completarla un poco más cada vez. Falencias y carencias, aparecían por doquier. Hice mi camino de experiencia, no siempre con humildad. Luchaba y me negaba a verme.... y mejorarme. Me asustaba sentir. Había nacido en la generación en la que los “hombres no lloran”. en mi juventud forme parte de un grupo de Andinistas que se vanagloriaba de su eslogan “los duros somos así”.



Época de incongruencias y grandes dolores. De búsquedas internas y respuestas inconclusas. De perdidas y desencuentros. De dolores.... del alma y satisfacciones por el re nacer cotidiano.
Acumule horas de vuelo.... talleres, seminarios, cursos y ponerse a prueba en busca de la autoevolución de mi SER.

Mientras cumplimentaba mi pasión: el contacto interpersonal, la comunicación y el intercambio de experiencias. Todo en el marco de los seminarios de “Control Mental”. Método que con el correr del tiempo y observar como la propuesta, originalmente pensada para personas con características anglo sajonas, no lograba todo el éxito esperado. Comencé a meditar sobre él ¿por qué? no funcionaba en todas las personas. Un alto índice de las mismas aprendían técnicas de relajación y lo practicaban. El sistema adema, proponía a esta meditación pasiva una actividad intensa en la focalizacion de proyectos y objetivos: programaciones. Si se procuraba que cada asistente elaborase proyectos y pudiese visualizarlos con tal intensidad de forma tal que las dificultades se diluyesen y el objetivo fuese realidad.

Eran muchas las personas que no lograban su cometido. Se relajaban, entrando en la banda de funcionamiento cerebral optima para programar, visualizaban su programación .... pero nada ocurría... sus proyectos parecían estar cada vez mas lejos.

Comencé a tener entrevistas con estas personas, que eran un alto porcentaje de los asistentes. En los encuentros me manifestaban “yo programo, programo, pero no pasa nada”: este “no pasar nada” era una lesión más a su autoestima. Por lo menos así lo percibía yo. Se lamentaban y muchas veces hasta compulsivamente dejaban de participar en las practicas.

A fuerza de escuchar y registrar dificultades, fui dándome cuenta que la falla, si es que la había, estaba en la base. Estas personas, al igual que yo somos latinos.... y no nos permitíamos dar curso solo a lo pensado, visualizado, sino que, un sentimiento, una emoción reprimida, actuaba como frenador e inhibidor del éxito. El patrón de creencias con su correlato emocional conducía al éxito o al fracaso. Desde lo racional se daban cuenta de lo que querían, pero no reparaban en la sensación emocional, que en muchos casos, negaba lo direccionado por la mente.

Ahondando en ello, fui dándome cuenta de que la incongruencia entre el pensar y el sentir impedía el hacer y el obtener. Aquí sirvió muchisimo el recorrido de autoexploración que ya nunca más dejaría.
Era habitual escuchar: “si yo quiero ese coche nuevo” o “ansío el puesto de gerente general”, en lo que no reparaban era en su sentimiento de abundancia obturado por un mandato de “no merecer las cosas buenas de la vida, esto solo es para los demás, no para mí”. Esta creencia operaba tan fuertemente que disparaba sensaciones emocionales, que bloqueaban todo intento.

Reparé en que somos animales emocionales, que el proceso de evolución nos ha convertido en seres racionales, pero que lo que prima entre la imaginación y la emoción, es esta ultima. El gobierno esta en manos de lo sentido. El timón pone el rumbo hacia lo que es sentimiento. Frente a un sentimiento de pobreza o de temor, no hay imagen mental que pueda con ello.

Luego de compulsar una y otra vez esto, intente pequeñas modificaciones en el Seminario. Comencé tibiamente. Experimentando, ensayando y aprendiendo de los errores. Muchas veces me cuestione sí hacia lo correcto. Pero lo que podía observar era que desde algún lugar las personas lograban un equilibrio y se reacomodaban por una capacidad innata que los llevaba de la mano a una nueva postura, frente a la misma dificultad.

Me decía a mi mismo: Confía en la sabiduría del inconsciente de cada uno, es el organizador y regente de la vida de cada persona. Sabe como restañar heridas y crear nuevas condiciones. Puede generar estados internos saludables, solo necesita ser estimulado. Si tu has podido, muchos otros podrán. Solo hay que crear el clima, generar la motivación, brindar la contención indispensable en todo cambio, acompañar sin dañar, escuchar y comprender, entender y atender, anidar para generar una nueva vida. La vida que el otro se ha propuesto.

A raíz de estas observaciones, que demandaron muchas horas y días de trabajo. Chequear y re chequear resultados. Escuchar, básicamente escuchar.... para entender como era el mundo del otro. Sentir y resonar con lo que al otro se le generaba. Desarrollar una sensibilidad suficiente como para poder percibir al otro, sus dolores, temores, alegrías, deseos, ansiedades y angustias. Agudizar la capacidad de percepción, aquella que es más que el discurso, lo postular o lo gestual. Es la posibilidad de “tomar” al otro como un todo y vibrar en su misma frecuencia.

Aprender a diferenciar lo que entendía como comprensión del otro, de lo que yo mismo generaba. Ese doble foco de atención puesto en el afuera y en mi interior, permanentemente. Para intentar darme cuenta que cosas mías había en ese encuentro y que no tenían que ver con el otro.

La finalidad de estos Seminarios eran la prevención. Pero, llegaban personas en crisis, que intentaban por medio de un entrenamiento, una capacitación o la utilización sistematizada de una técnica, resolver el conflicto. En estos casos procure siempre, que las personas en crisis buscasen un espacio terapéutico, acorde a sus necesidades.

Llego un momento que tuve que detenerme. No podía ya más con la significancia de la palabra “control” y no entendía por que debía remitirme solamente a lo mental.

Pase meses reconsiderando la propuesta. No desestime la técnica, pero, faltaba el aporte de nuevos enfoques, nuevas estrategia o una sumatoria de todo lo que había podido incorporar en mi.

Opte por esto ultimo. Lo primero que hice fue modificar el nombre de este seminario, paso a llamarse: “Desarrollo Mental”, todavía no me atrevía a más.

La estructura, del nuevo Seminario, seguía sosteniendo las técnicas de relajación, de visualización, pero desde otro enfoque al que llamé “imaginería”. Debo reconocer que él termino ya había sido acuñado por la psicoterapeuta Dina Glouberman en su libro “Imaginar es Poder, cambio y crecimiento mediante el trabajo con imágenes”. Este libro fue editado en Londres en el año 1989. Llego a mis manos muchos años después de que yo había comenzado a trabajar con imaginería, y debo de reconocer, que si lo hubiese tenido tiempo antes, me abría ayudado significativamente en aquellos tiempos de elaboración.

Incluí músicas motivadoras, imágenes que moviesen al desbloqueo emocional, una simple técnica de resolución de problemas y programaciones.

Al presentar por primera vez este seminario, convoque no solo a personas que no habían tenido la experiencia anterior, sino a un pequeño grupo que si había pasado por ella. El grupo “control” acuso el golpe y respondió a los cambios. También las personas que pasaron, por primera vez la experiencia, obtuvieron mayores logros. Sobre todo en la calidad de vida, en recuperar un grado el equilibrio interior. En sentirse mejor, con ellos mismos y con lo que ocurría fuera de ellos. Podían aceptar de otra manera lo que hasta el día anterior consideraban que era imposible de afrontar.

Luego de esta experiencia me atreví a un poco más y mejor, cada vez. Llegando a generar una propuesta en módulos, que conformaban un proceso de crecimiento interno.

CL Jorge de León

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